Vivo cerca del río, viví cerca de mares y arroyos. Viví en la llanura que se expande silenciosa, casi sin testigos, salvo algunos incapaces de traducir sus mensajes, pero testigos al fin. En la llanura, como en las montañas, el agua siempre encontró sus maneras de llegar a mí. Lo tomo algo personal y pienso que debe querer estar cerca mío, pero es lo que el agua hace correr infinitamente, encontrar maneras de llenar huecos y a la vez vaciarlos. Fluir en el territorio hasta encontrar un claro, acaso, un lugar en el cual permanecer momentáneamente o al menos parecer que permanece. Esta semana fue de lluvias y quise bajar al ver el río. Habría subido, habría aumentado su cauce, el cual suele parecerse a un hilo que corre inmóvil, día tras día, fijo y momentáneo a la vez. Acostumbrada a los arroyos de mi ciudad, que se rebalsan en los meses de lluvia, llegando a veces a lugares indeseados, este me pareció apenas crecido. Noté su crecimiento, ya que algunas de las islas de vegetación que te...
Moretones Al llegar a esta casa, ya sabía su historia. Sabía de la pareja que antes había vivido aquí, sabía que las cosas no habían ido bien entre ellos. Incluso sabía quién había vivido antes de ellos y que tenía un perro. Recuerdo cuando la vinimos a ver antes de decidir alquilarla ya noté una especie de ausencia. Los marcos blancos de los portarretratos colgaban de la pared sin fotos, las plantas tenían un aspecto sombrío, quietas, tratando de subsistir. El patio terminaba de delatar el desuso prolongado, los frutos de los árboles de la vereda estaban desparramados por el suelo, aunque sin pisar. La mesa y las sillas permanecían guardadas en una funda, al resguardo de quién sabe qué. A pesar del abandono, decidimos quedarnos con ella. En ese entonces, no teníamos mucha opción. Cuando no contás con muchas opciones, corrés una especie de desventaja. Aunque, a decir verdad, las cosas que se presentan lo hacen en su estado más puro; no necesitan embellecerse para convencer a nadi...
Como arquitecta, no tengo experiencia. Nunca construí nada, o mejor dicho, nunca materialicé algo. Construir, por no decir imaginar; imaginar, eso sí lo hice mucho. Pero eso no cuenta como experiencia. No se pone en el currículum: "Imaginé mi casa de mil maneras distintas, fantaseé con distintos estilos". Quise construir una casa nueva desde cero, comprar esos mantos de césped y plantarlos en el jardín, eligiendo especie por especie las plantas que me gustaría tener. Comprar las griferías más modernas que existieran, investigar todo tipo de carpinterías y, finalmente, elegir unas alemanas de última tecnología, capaces de abrirse de distintas maneras dependiendo de lo que se necesite. Se abren de lado, como una puerta, y también, si se quisiera dejar un poco abierta para que entre el aire de la tarde o de la mañana, se inclinan —creo que son 45 grados— hacia abajo. También soñé con heredar una casa vieja, pensada y diseñada para personas de otros tiempos, con costumbres y vi...
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