No me gusta el puerro, pero igual lo como. Te digo al llegar a la cocina. Sobre el sartén se doran rodajas de distintas verduras, todas añadidas en momentos diferentes para respetar sus tiempos de cocción. Al lado del sartén, una olla con agua que todavía no hierve; las burbujas recién comienzan a desprenderse. (Si estuviera cocinando yo, ya habría puesto los fideos no puedo esperar al punto de hervor). En cambio, vos ya los tenés listos para lanzarlos al agua en el momento exacto. Vuelvo al comedor para poner la mesa, mientras pienso en el texto que quiero escribir. Me gustaría que fuera un cuento, pero no sé bien qué es. Llevo semanas escribiendo, y aún no logro cerrarlo. Me demoro en encontrar las palabras; luego pienso que no debería buscarlas, y, de alguna manera, llegan a mí, dilatadas pero inevitables. Podría decir que los tiempos de la escritura son como los de la cocina. Para realizar cualquiera de estos actos, hay una serie de pasos e indicaciones que seguir. También est...
Moretones Al llegar a esta casa, ya sabía su historia. Sabía de la pareja que antes había vivido aquí, sabía que las cosas no habían ido bien entre ellos. Incluso sabía quién había vivido antes de ellos y que tenía un perro. Recuerdo cuando la vinimos a ver antes de decidir alquilarla ya noté una especie de ausencia. Los marcos blancos de los portarretratos colgaban de la pared sin fotos, las plantas tenían un aspecto sombrío, quietas, tratando de subsistir. El patio terminaba de delatar el desuso prolongado, los frutos de los árboles de la vereda estaban desparramados por el suelo, aunque sin pisar. La mesa y las sillas permanecían guardadas en una funda, al resguardo de quién sabe qué. A pesar del abandono, decidimos quedarnos con ella. En ese entonces, no teníamos mucha opción. Cuando no contás con muchas opciones, corrés una especie de desventaja. Aunque, a decir verdad, las cosas que se presentan lo hacen en su estado más puro; no necesitan embellecerse para convencer a nadi...
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